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El chupete no produce malformaciones dentales si se abandona antes de los tres años. Los detractores del «tete» se quedan sin argumentos. Además de reducir la incidencia de muerte súbita y calmar la ansiedad y el dolor de los niños, los datos muestran que, si se deja de usar a los tres años, los perjuicios sobre la dentición son reversibles. Son muchas las ideas erróneas que siguen rodeando al uso del chupete. Poco a poco casi todas han ido perdiendo fuerza; no así la creencia de que deforma la dentadura de los pequeños. Un estudio publicado en la revista «General Dentistry» aclara que siempre que se deje a tiempo, este dispositivo es, incluso, ventajoso.

Hace años, evitar el chupete se convirtió en una especie de máxima pediátrica. Parecía que este artilugio que tanto gusta a los bebés se había convertido en el culpable de que los pequeños no quisieran tomar el pecho materno, de que cogieran una infección de oído detrás de otra, de que fueran ñoños y malhumorados cuando no lo tenían en su boca y de que sus sonrisas fueran un auténtico desastre y ‘carne de ortodoncista’. Con el tiempo, la evidencia científica ha matizado la mayoría de estas creencias hasta hacer de dicho instrumetno algo muy útil; tanto para los niños como para sus padres. El ‘chupe’ reduce la incidencia de la muerte súbita del lactante, es un analgésico muy eficaz en procesos dolorosos y, por añadidura, los efectos perjudiciales que ejerce sobre la correcta alineación de los dientes son pasajeros. Eso sí, para que las piezas dentales vuelvan a su lugar el chupete debe desaparecer antes de los tres años de edad.

Existen pruebas arqueológicas y documentales de que, hace miles de años, el chupete se empleaba para calmar el llanto de los bebés. Este efecto tranquilizador se aprovecha del reflejo de succión que presentan todos los seres humanos desde que se encuentran en el útero materno y que, después del nacimiento, se convierte en un enlace fundamental con el mundo exterior (a base de chupar el niño no sólo se nutre, sino que comienza a reconocer su entorno y a relacionarse con él).

Sin embargo, en no pocas ocasiones se ha planteado que esta ventaja no se veía en absoluto compensada por la cantidad de problemas (dificultades en la instauración de la lactancia materna, caries, otitis…), que, más tarde o más temprano, terminaban apareciendo asociados al uso de ese calmante de goma.

Todas estas creencias han ido desterrándose o, al menos, matizándose gracias a la realización de trabajos científicos al respecto; excepto la de que el uso del chupete está unido indefectiblemente a ciertas malformaciones dentales cuyo único remedio eran los ‘brackets’ del ortodoncista.

recomendaciones-sobre-uso-del-chupete

 

EFECTO REVERSIBLE

No obstante, un trabajo publicado en el último número de la revista ‘General’ ‘Dentistry’ ha terminado de echar por tierra esta idea afirmando que el chupete no es tan fiero como lo pintan para la dentadura de los más pequeños de la casa.

Cuando un niño se introduce la tetina de un chupete en la boca y lleva a cabo lo que los expertos denomina succión no nutritiva (el propósito de este acto no es ingerir alimento alguno) los dientes centrales inferiores se desvían paulatinamente hacia dentro, mientras que los que se encuentran en el mismo plano, pero en el maxilar superior, tienden a separarse y a sobresalir hacia fuera (dientes de conejo). Con el tiempo, los caninos (colmillos) chocan entre sí y ambas filas de dientes no se cierran correctamente (mordida abierta).

Además, la acción de succionar pone en funcionamiento una serie de músculos de la cara que, junto con la posición de la lengua, hacen que, finalmente las líneas superiores e inferiores pierdan su paralelismo (mordida cruzada). Se estima que, para que las malformaciones sean apreciables, es necesario ejercer una presión más o menos constante durante seis horas diarias, aproximadamente. El factor tiempo, junto al de la energía que el pequeño aplique en la succión marcarán la diferencia en este aspecto.

«Eso explica por qué muchos niños que usan chupete no desarrollan ningún tipo de maloclusión dental», matiza Jane Soxman, autora del trabajo y miembro de la Junta Americana de Odontología Pediátrica, en referencia a los críos que usan el ‘tete’ en momentos puntuales (irse a dormir, por ejemplo) o se limitan únicamente a sostenerlo dentro de la boca sin chuparlo.

Esta especialista coincide con el resto de sus colegas consultados por SALUD en el hecho de que, efectivamente, el uso continuado del chupete descoloca los dientes, pero aporta un dato esperanzador ya que esta situación, tal y como se refleja en su trabajo, es reversible (ver gráfico) apenas unos meses después de interrumpir el uso del dispositivo.

El motivo esencial es que no llegan a producirse malformaciones de la articulación temporomandibular ni deformaciones óseas significativas que modifiquen la arcada dental definitiva.

«La mayor parte de los niños abandona los hábitos de succión antes de los cuatro años sin que se ocasionen daños permanentes», afirma Domingo Barroso, pediatra en el centro de Atención Primaria José María Álvarez de Don Benito, en Badajoz.

En este sentido, cabe recordar que, por regla general, se acepta que el chupete interfiere en el desarrollo de un hábito de succión correcto y por lo tanto, en la instauración de la lactancia materna.

No obstante, en varios estudios se ha observado que el fracaso de la lactancia materna o su abandono precoz suele darse en mujeres que no están demasiado concienciadas o motivadas para amamantar a sus vástagos (y por tanto recurren a este dispositivo en cuanto su hijo llega al mundo y durante mucho tiempo), por lo que no está absolutamente establecido que sea el chupete el responsable único y directo de que el bebé vaya perdiendo interés en el pecho de su madre.

En todo caso, los expertos recomiendan esperar a que la lactancia materna esté plenamente consolidada (en torno a las tres o cuatro semanas tras al nacimiento) para ofrecer el chupete a su retoño.

Por estos motivos, y a pesar de que los expertos creen que es conveniente ir quitando el ‘chupe’ en torno a los dos o tres años, lo cierto es que también especifican que no se trata de una regla fija, ya que hay otros condicionantes que pueden hacer que estos plazos sean flexibles, como el grado de madurez del pequeño o determinadas circunstancias médicas o psicosociales.

Se ha comprobado que el chupete ejerce un claro efecto analgésico en intervenciones de carácter leve. De esta forma, un crío que deba permanecer ingresado en un hospital, que padezca alguna enfermedad que requiera procesos médicos potencialmente dolorosos (pinchazos, curas, análisis…) o, simplemente, cuando tenga que someterse a intervenciones ambulatorias (vacunación, revisiones…), puede encontrar un enorme alivio chupando este artilugio.

Por otra parte, el doctor Barroso recuerda que, en ocasiones los niños se refugian en el ‘tete’ cuando están preocupados o enfadados por algo. En estos casos «hay que permitirles expresar sus sentimientos y preocupaciones en las situaciones en las que más suele recurrir al chupete […] para darles el consuelo y cariño que buscan en él», escribe el especialista en un artículo recogido por la Sociedad de Pediatría de Atención Primaria de Extremadura.

CARIES Y OTITIS

Lo que realmente preocupa a los pediatras en relación a la influencia de las tetinas en la dentición, además de que la succión no nutritiva se prolongue hasta la erupción de las piezas permanentes, es la llamada caries del biberón.

Se denomina así porque, aunque también puede aparecer por un uso indebido del chupete (untarlo con excesiva frecuencia en algún líquido dulce y dárselo al bebé) es más frecuente que esta patología se presente asociada a la mala costumbre de ofrecer un biberón lleno de zumo, leche o bebidas azucaradas para que el crío vaya bebiendo a demanda o permitir que el niño se duerma chupando la tetina del ‘bibe’.

Estos hábitos están absolutamente desaconsejados, a no ser que lo que contenga la botella sea, simplemente, agua. El alto contenido en carbohidratos de estos productos puede causar daños en los dientes definitivos. «Cabe recordar que los de leche están bastantes años en la boca, no sólo cuando somos pequeños» apunta Barroso.

De esta forma, en la boca de los chavales más mayores coincidirán, durante un plazo más o menos prolongado, las piezas primigenias con las definitivas, pudiendo resultar afectadas estas últimas por las caries de las de leche.

En lo referente a las infecciones de oído, existen bastantes trabajos que han relacionado el chupe con una mayor incidencia de otitis medias en críos pequeños. En cualquier caso, la doctora Soxman advierte en su investigación que ni siquiera este factor constituye un argumento de peso para no recurrir al chupete y especifica que únicamente los niños propensos a sufrir infecciones repetidas de este tipo tendrían que restringir su uso a momentos concretos del día (siesta, irse a dormir por la noche, episodios de llanto…).

MUERTE SÚBITA

Quizá uno de los argumentos de mayor peso que esgrimen los especialistas a la hora de recomendar vivamente el chupete es que, según la mayoría de los estudios al respecto, este artilugio tiene un efecto preventivo sobre la muerte súbita del lactante; una de las más terribles y enigmáticas, ya que aún no se conocen las causas por las que un bebé que se acuesta sano fallece durante el sueño.

Como tampoco se saben con exactitud los motivos por los que el chupete evita este fenómeno. Al parecer, sus usuarios tienen un sueño más ligero y se despiertan antes si tienen problemas para respirar, lo hacen mejor por la boca en caso de que falle la nariz, sufren menos reflujo gastroesofágico en caso de apnea y , además, para sostener mejor el ‘tete’ suelen dormir boca arriba, que es la postura que se recomienda para evitar este fallecimiento.

En conclusión, «el desarrollo dental anómalo puede evitarse si se interrumpe su uso en torno a los dos años de edad. Retrasar su introducción hasta que la lactancia materna esté establecida y limitar su uso en niños con otitis medias recurrentes puede evitar los efectos negativos en estas áreas. Como contrapartida, el valor probado del chupete a la hora de reducir la incidencia de muerte súbita del lactante y de aumentar la satisfacción del pequeño; así como el hecho de que supone una fuente innegable de comodidad para padres e hijos no sólo justifica su uso, sino que incluso lo sustenta», resume la pediatra estadounidense.

Artículo publicado en Elmundo.es

Raquel Vidal-Abarca
Raquel Vidal-Abarca
La Dra. Raquel Vidal-Abarca es licenciada por la Universidad de Murcia, promoción 1997/2002. Su desempeño profesional está enfocado en la odontología general, en endodoncia, y en particular en cirugía. Licenciada en Odontología por la Facultad de Medicina de la Universidad de Murcia.

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